Estufa



Una estufa, hornalla o cocina es un artefacto para calentar alimentos mediante hornillos. La estufa funciona comúnmente con gas doméstico (gas butano) aunque también puede funcionar por medio de electricidad o leña. Los alimentos se calientan por lo general a través de artefactos de cocina como ollas, sartenes y cazuelas. Según la técnica con que los alimentos sean calentados, una estufa es capaz de hervir, cocer, freir, asar o fundir.

Una estufa doméstica moderna* común funciona a base de gas, tiene 4 parrillas redondas y una grande y alragada al centro destinada para uso de un comal así como también incluye un horno y un asador. El método moderno de encendido es a base de una chispa eléctrica aunque siempre ha estado disponible hacerlo mediante una fuente externa de ignición como cerillas o un encendedor. Normalmente una estufa incorpora perillas giratorias de control para cada una de sus hornillas. El horno y el azador* tienen perillas adicionales con marcas de graduación relacionadas a la temperatura deseada. El horno incluye además una lámpara así como una ventana para poder observar su interior sin abrirla.

Seguridad

Debido a la naturaleza de una estufa doméstica la cuál emplea una sustancia inflamable además de posiblemente electricidad y de que su función es la de calentar alimentos ciertas medidas mínimas de seguridad deben tomarse, en especial si existen niños en el hogar.

  1. Jamás dejar una estufa encendida sin vigilancia

  2. Dejar las agarraderas de los utensilios de cocina hacia adentro

  3. Cerrar el suministro de gas si s deja sola por varios días la estufa.

  4. Mantener a los niños, débiles mentales, mascotas y plantas alejados de la estufa.

Historia

Un 1092, una década después de que Edison diera a conocer la lámpara incandescente, los inventores británicos R. E. Crompton y J. H. Dowsing patentaron la primera estufa eléctrica para uso doméstico. El nuevo aparato consistía en un alambre de alta resistencia enrollado varias veces alrededor de una placa rectangular de hierro. El alambre, que al conducir la electricidad adquiría un brillo blanco anaranjado, estaba situado en el centro de una pantalla parabólica que concentraba y difundía el calor en un haz.

No tardaron en aparecer modelos perfeccionados de estufas eléctricas, y dos de los más notables fueron el de 1906, debido al inventor Albert Marsh, de Illinois (EEUU), cuyo elemento irradiante, de níquel y cromo, podía alcanzar temperaturas al rojo blanco sin fundirse; y la estufa británica de 1912, que sustituyó la pesada placa de hierro en la que se enrollaba el alambre calefactor por un elemento ligero de arcilla refractaria, con lo que se consiguió la primera estufa eléctrica portátil realmente eficaz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario